La primera final de la NHL, que se llevó a cabo la noche del miércoles, quedará en la historia. Con un agónico e inolvidable gol anotado luego de tres tiempos extras, los Blackhawks de Chicago se impusieron sobre los Bruins de Boston.

El alucinante gol de Shaw anotado en el tercer tiempo extra le dio a los Blackhawks una victoria de 4-3 que hizo estallar de emoción al United Center de Chicago en un encuentro que quedará por décadas en la memoria de todos nosotros.

Fue un partido que inauguró muchas estadísticas y prometía ser especial: por primera vez en la temporada, un equipo del Oeste jugaba contra uno del Este; también por primera vez los Hawks y Bruins se veían las caras en una final y, además, se trató del primer enfrentamiento entre dos integrantes del denominado Original Six (los seis equipos que formaron la liga durante 25 temporadas, desde 1942 hasta 1967) en la Final, que no sucedía desde 1979.

Durante el primer tercio fue un predominio, sobre todo físico, de los Blackhawks. Pero los Bruins remontaron el partido acorralando sobre su arco a los de Chicago en la segunda parte. Fue en el último periodo del tiempo reglamentario cuando se entró en la fase que acabó gestando la victoria final de Chicago.

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Un cañonazo de Patrice Bergeron, con los Bruins en superioridad, colocaba el 1-3 a los 7 minutos y hacía presagiar un final de partido relativamente cómodo para los de Claude Julien. Pero, apenas un minuto después, Andrew Shaw se hacía con un regalo de Torey Krug al cruzar la pastilla en un despeje y asistía a Dave Bolland para acercarse en el electrónico. El empate se consumó en el 13’ por mediación de Johnny Oduya, tras conectar un potente disparo desde la línea azul que pegó en el patín del defensor de Boston Andrew Ference.

Se llegó al tiempo extendido y se destapó el mejor Corey Crawford salvando a su equipo con 29 paradas en, prácticamente, dos prórrogas y media, a lo que hubo que sumar un disparo al poste de Chara a falta de 10 segundos para que terminase la segunda prórroga. Finalmente fue Andrew Shaw quien cerró el encuentro, desviando frente a Rask un disparo de muñeca de Michal Rozsival desde la línea azul.

Sorprendente. Esa es la palabra. Un partido imprevisible, fuera de lo común, que llena de emoción.

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