La palabra mandala significa "círculo", aunque suele tratarse de un diseño o dibujo complejo enmarcado por figuras cuadradas. "Lo que en aritmética se llama la cuadratura del círculo, el cuadrado en el círculo o el círculo en el cuadrado", como diría el psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung (antiguo colega de Freud y fundador de la psicología analítica).

Para el hinduismo y al budismo, el mandala es una representación de los poderes divinos, a la vez que funciona como apoyo visual para la iluminación y la instrucción espiritual; es una representación de las fuerzas del universo, la cual nos ayuda a la meditación.

Uno de los tipos de mandala más conocidos en occidente, es aquel que se elabora con arena de colores, y cuya creación requiere de mucha concentración y tiempo (días e incluso semanas). Una vez terminado, el mandala es deconstruido -no destruido, pues no basta hacerlo desaparecer, sino que la idea es "reintegrarlo" al todo- en una ceremonia. El budismo usa estos mandalas para representar lo efímero del mundo material, metáfora de la no permanencia de la vida.

Los creyentes del budismo tántrico colocan las arenas del mandala deconstruido en un urna, y parte de ellas se reparte entre los asistentes a la ceremonia de deconstrucción, mientras que el resto de la arena se arroja al agua para que sea llevada por la corriente y tenga un poder curativo sobre el mundo. Eso es desde el punto de vista religioso, pero también hay una aplicación psicológica de estos mandalas.

De manera muy simple y obvia, podemos decir que tal como armar rompecabezas o pintar cuadros relajan a unas personas, los mandalas pueden servir para enfocar la atención y practicar la paciencia en determinados individuos. Pero hay algo más terapéutico al respecto.

En occidente, con Jung, se comenzó a usar el mandala como una herramienta terapéutica para ciertos padecimientos mentales. Según Jung, cuando una persona se encuentra en un estado de caos interno, suele soñar con mandalas, o hacer trazos similares a mandalas, como manifestación de la necesidad que tiene de ese individuo de encontrar un orden que contrarreste al caos que experimenta. Para él, los mandalas representan la totalidad de la mente abarcando tanto el consciente como el inconsciente. En años recientes ha habido nuevos descubrimientos respecto al poder curativo de los mandalas.

Han sido varias las investigaciones, principalmente las realizadas por James Pennebaker, profesor del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas, en Austin, que han comprobado el poder terapéutico de la escritura en gente que ha sufrido situaciones traumáticas. Narrar por escrito su mala experiencia resulta un alivio para esos pacientes. ¿Pero qué pasa con aquellas personas que por causas educativas o problemas de su propio organismo carecen de una capacidad de escribir que les permita sanar? Precisamente para estas últimas se recomienda la elaboración de mandalas de arena.

La efectividad de los mandalas de arena para disminuir la ansiedad fue comprobada en un estudio efectuado en 2005 por Nancy A. Curry y Tim Kasser, donde concluyeron que la elaboración a colores de estructuras con cierta complejidad geométrica pueden aliviar la ansiedad y el estrés que sufren ciertos individuos.

Así pues, está comprobado que los mandalas de arena tienen efectos curativos y positivos en las personas que los elaboran; además de la intención aleccionadora y religiosa que durante siglos los practicantes del budismo han otorgado a los mandalas.

Fuentes: Trabajos de James Pennebaker (Universidad de Texas) y www.eric.ed.gov